La necesidad que sentía Jesús Basiano de pintar los paisajes de su tierra le llevó a recorrer sin descanso a pie, en bicicleta, en autobús o en su famoso biscúter, todos los rincones de la Geografía Foral.
Tuvo una sólida formación, se relacionó con lo más granado de la Pintura vasca y expuso junto a la mejor pintura internacional.
Aquel mundo del arte, de galerías y marchantes no iba lo más mínimo con su personalidad. Cuando su nombre brilla camino de lo más alto, Basiano da un giro radical y se encierra en su Navarra natal, renunciando a fama y fortuna. Él quiere pintar en el campo, recorrer sus rincones y disfrutar de los paisajes de Navarra. Todo ello se relfleja en su obra.
En una época de guerras, penuria económica y supervivencia, donde adquirir una pintura era un lujo irrealizable para la inmensa mayoría, logró vivir de su arte siendo profeta en su tierra.